Está pasando algo interesante en el Garraham. Acompañados
por Jenny Silva Crome, Gladys y yo, ya somos un pequeño grupo que nos reunimos,
ayer éramos nosotros y tres mamás, tres papás y una abuela que representaban a seis
bebés internados. Los niños estás en progreso,y ya uno en puertas a volver a la Rioja.
La verdad que fue una sensación agradable, además que ya los
de seguridad nos empiezan a reconocer. Al entrar ya saben que vamos a
encontrarnos con los padres. (Paso previo este para llegar a ellos también)
Y ya nos íbamos, pues teníamos a Benicio en lo de Adela
Sowa, la hermana de Gladys, y un apoyo para nuestro ministerio, pues nos ayuda
siempre con nuestro bebé.
Saliendo nos encontramos con otra mamá y resulta que me
reconoció de cuando predicábamos estando yo vestido de papá Noel. Tiene a su bebé
con bronquiolitis en un estado bastante grave. Además nos contó que su hermano
estaba con cáncer de piel en el Hospital de Clínicas. Esta mujer escuchó el
evangelio en 2012 en la estación de Lanús y hoy nos volvemos a encontrar. En su
familia, su primo Neder es de los primeros testimonios de transformación que
hizo Dios en la estación de Lanús. Delincuente y paquero, y de golpe, un
creyente fiel, y trabajador ambulante. Fue nuestro primer gozo concretado en el
servicio a Cristo. Otro era el hermano de ella, que siempre nos acompañaba y
hasta nos pedía tratados para repartir a la par nuestra. Hace unas semanas lo
reencontré y hablamos. Carlos Otero también hace unos meses le transmitió el
evangelio. Y, en medio de la charla con esta mamá, me anotició del
fallecimiento del “gordo”; catorce años, y por un mal diagnóstico, terminó con
su vida un infarto.
Para Gladys y para mí un
golpe terrible. La edad de mi hijo mayor, y ya no está. Pero esto
confirma nuestra urgente tarea, de seguir predicando pues no hay tiempo, ni aun
para un niño o un adolescente. La cuenta regresiva está oculta, unos tienen
ochenta años de oportunidades, otros cinco y otros, como nuestro “gordo”
querido, tan solo catorce años.
Tanto mi esposa como yo, derramamos lagrimas camino a casa
desde el Garraham, pero con la paz de que muchas veces, este pibe y todos sus
hermanos y primos, escucharon, semana a semana, las buenas noticias de
salvación.
Gordito, mientras escribo, sigo derramando lágrimas, pero
espero nos encontremos en el cielo con un gran abrazo.

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