jueves, 10 de septiembre de 2015

ESPERAME CON UN ABRAZO

Está pasando algo interesante en el Garraham. Acompañados por Jenny Silva Crome, Gladys y yo, ya somos un pequeño grupo que nos reunimos, ayer éramos nosotros y tres mamás, tres papás y una abuela que representaban a seis bebés internados. Los niños estás en progreso,y  ya uno en puertas a volver a la Rioja.
La verdad que fue una sensación agradable, además que ya los de seguridad nos empiezan a reconocer. Al entrar ya saben que vamos a encontrarnos con los padres. (Paso previo este para llegar a ellos también)
Y ya nos íbamos, pues teníamos a Benicio en lo de Adela Sowa, la hermana de Gladys, y un apoyo para nuestro ministerio, pues nos ayuda siempre  con nuestro bebé.
Saliendo nos encontramos con otra mamá y resulta que me reconoció de cuando predicábamos estando yo vestido de papá Noel. Tiene a su bebé con bronquiolitis en un estado bastante grave. Además nos contó que su hermano estaba con cáncer de piel en el Hospital de Clínicas. Esta mujer escuchó el evangelio en 2012 en la estación de Lanús y hoy nos volvemos a encontrar. En su familia, su primo Neder es de los primeros testimonios de transformación que hizo Dios en la estación de Lanús. Delincuente y paquero, y de golpe, un creyente fiel, y trabajador ambulante. Fue nuestro primer gozo concretado en el servicio a Cristo. Otro era el hermano de ella, que siempre nos acompañaba y hasta nos pedía tratados para repartir a la par nuestra. Hace unas semanas lo reencontré y hablamos. Carlos Otero también hace unos meses le transmitió el evangelio. Y, en medio de la charla con esta mamá, me anotició del fallecimiento del “gordo”; catorce años, y por un mal diagnóstico, terminó con su vida un infarto.
Para Gladys y para mí un  golpe terrible. La edad de mi hijo mayor, y ya no está. Pero esto confirma nuestra urgente tarea, de seguir predicando pues no hay tiempo, ni aun para un niño o un adolescente. La cuenta regresiva está oculta, unos tienen ochenta años de oportunidades, otros cinco y otros, como nuestro “gordo” querido, tan solo catorce años.
Tanto mi esposa como yo, derramamos lagrimas camino a casa desde el Garraham, pero con la paz de que muchas veces, este pibe y todos sus hermanos y primos, escucharon, semana a semana, las buenas noticias de salvación.

Gordito, mientras escribo, sigo derramando lágrimas, pero espero nos encontremos en el cielo con un gran abrazo.